Utilizar un lenguaje sencillo y frases cortas, hablar despacio y claramente y recurrir a la comunicación no verbal son herramientas fundamentales para mejorar la comunicación entre cuidadores familiares y personas con deterioro cognitivo. Por esa razón, el Instituto de Neurociencias Buenos Aires (Ineba) recomendó utilizarlas para evitar el aislamiento, uno de los principales riesgos que conlleva cualquier enfermedad neurológica.

“El lenguaje es una herramienta fundamental para que la persona siga activa, sobre todo cuando la enfermedad está avanzada”, explicó Sandra Vanotti, miembro de Ineba, quien precisó que es necesario buscar canales para que el paciente se pueda comunicar, ya sea a través de palabras o de imágenes. La neuropsicóloga señaló que los pacientes con Alzheimer u otras enfermedades neurológicas siempre olvidan los acontecimientos más recientes, por lo que se les puede ayudar a seguir activos mostrándoles fotos de casamientos o cumpleaños pasados, que seguramente recuerden. “Tenemos que conseguir que la persona se siga sintiendo protagonista y no se aísle, que es uno de los principales riesgos que conllevan este tipo de enfermedades. Se sabe que estas patologías impactan mucho en el grupo social del paciente, que por lo general no está preparado para afrontarlas, pero lo principal es tratar de que sigan comunicándose con su entorno como puedan”, aclaró.

Las estadísticas

Si bien no se cuenta con números exactos, se estima que la enfermedad de Alzheimer afecta entre 300.000 y 400.000 personas en Argentina, siendo su prevalencia mayor en individuos de más de 65 años, ya que el principal factor de riesgo de las demencias es la edad.

Desde Ineba detallaron que en las próximas décadas la región que más envejecerá será América del Sur: “El número de personas con demencia a escala mundial en 2001 se estimaba en aproximadamente 24.300.000 de casos, proyectándose que en 2020 se llegará a 42.300.000, y en 2040 a aproximadamente 81 millones”, puntualizaron. “Este crecimiento no será simétrico, ya que entre 2001 y 2040 el incremento del número de casos en países desarrollados será del 100%, mientras que en países subdesarrollados será del 300%.

Es por ello que suele referirse a los trastornos cognitivos y a las demencias como ‘la nueva epidemia’, con importantes consecuencias a nivel sanitario y económico”, afirmaron.